Para Recordar

Revestíos de amor, que es el vínculo de la perfección....

CAPITULO TERCERO Imprimir E-mail

LA MIRADA PUESTA EN JESÚS: VOCACIÓN DE LA FAMILIA

El misterio de la familia cristiana  no puede entenderse plenamente sino a  la luz de nuestra fe: un  Padre de infinito amor que se manifestó a través de su Hijo, y un Hijo que se entregó hasta el fin y vive entre nosotros.

 

Mediante el sacramento del matrimonio, los esposos aceptan entre ellos la presencia de Cristo que  “permanece con ellos, les da la fuerza de seguirle tomando su cruz, de levantarse después de sus caídas, de perdonarse mutuamente, de llevar unos las cargas de los otros”.  “De este modo, los esposos son consagrados y, mediante una gracia propia, edifican el Cuerpo de Cristo y constituyen una iglesia doméstica”

El sacramento del matrimonio es una vocación, es un don para la santificación y la salvación de los esposos, porque «su recíproca pertenencia es representación real de la relación de Cristo con la Iglesia. Así los cónyuges están llamados a responder al don de Dios con su lucha cotidiana, deben reconocer plenamente sus propios deberes para con Dios, para consigo mismos, para con la familia y la sociedad.

Solos y sin una esperanza  trascendente que nos motive no podremos perseverar  -digo yo a manera de conclusión-  pues es por la fe y por la gracia que lograremos hacerlo.

Semillas del Verbo y situaciones imperfectas 

En este aparte del capítulo, según veo, se invita básicamente a evitar la discriminación y el juzgamiento, y a  hacer un acompañamiento pastoral  personalizado a las familias en las cuales  la pareja no  ha recibido la bendición sacramental por distintas circunstancias.

«La mirada de Cristo, cuya luz alumbra a todo hombre inspira el cuidado pastoral de la Iglesia hacia los fieles que simplemente conviven, quienes han contraído matrimonio sólo civil o los divorciados vueltos a casar. Con el enfoque de la pedagogía divina, la Iglesia mira con amor a quienes participan en su vida de modo imperfecto: pide para ellos la gracia de la conversión; les infunde valor para hacer el bien, para hacerse cargo con amor el uno del otro y para estar al servicio de la comunidad en la que viven y trabajan. Cuando la unión alcanza una estabilidad notable mediante un vínculo público —y está connotada de afecto profundo, de responsabilidad por la prole, de capacidad de superar las pruebas— puede ser vista como una oportunidad para acompañar hacia el sacramento del matrimonio, allí donde sea posible»

Aunque  “la doctrina se expresa con claridad”, el Santo Padre pide discernir bien las diversas situaciones y  evitar los juicios que no toman en cuenta su complejidad; llama la atención sobre los diferentes grados de responsabilidad y capacidad de decisión que pueden darse  y los “diferentes modos en que las personas viven y sufren a causa de su condición”.

Yo me atrevo a opinar lo siguiente pensando en las parejas que no pueden casarse y  también en quienes tienen inclinación homosexual: que aquí hay un llamado especialísimo a la santidad; amar no es pecado y sentir no es consentir, así que la castidad como opción de vida, estoy segura, será don de Dios para quien  quiera agradarlo; dice  la Palabra que Él es fiel y no permitirá cargas mayores a las propias fuerzas, “sino que junto con la prueba les dará la salida, para que puedan sobrellevarla”. Y la Iglesia, imitando al Jesús que escandalizó a los más religiosos de su época, se ha abierto para acoger nuevos santos y enriquecerse con  aquellos  que parecían más alejados de Dios y que  por su humildad reciben mayores dones. Hasta aquí mi opinión.

Transmisión de la vida y educación de los hijos 

El hijo reclama nacer  del amor conyugal de sus padres  y no de cualquier manera, ya que él no es un derecho sino un don, fruto de ese amor.

La familia es el santuario de la vida, el lugar donde la vida es engendrada y cuidada en todas sus etapas, también en el ocaso.

“Es tan grande el valor de una vida humana, y es tan inalienable el derecho a la vida del niño inocente que crece en el seno de su madre, que de ningún modo se puede plantear como un derecho sobre el propio cuerpo la posibilidad de tomar decisiones con respecto a esa vida, que es un fin en sí misma y que nunca puede ser un objeto de dominio de otro ser humano”.

Uno de los desafíos fundamentales de  las familias de hoy es seguramente el  educativo, todavía más arduo y complejo a causa de la realidad cultural actual y de la gran influencia de los medios de comunicación. La educación integral de los hijos es «obligación gravísima», a la vez que «derecho primario» de los padres; Cualquier otro colaborador en el proceso  debe actuar en nombre suyo, con su consenso o encargo.

La familia y la Iglesia La Iglesia es familia de familias; la familia es una “iglesia domestica “; el amor vivido en las familias es una fuerza constante para la vida de la Iglesia; en la familia, madura la primera experiencia de comunión entre las personas, cuya imagen de comunión perfecta es la Santísima Trinidad.