Para Recordar

Revestíos de amor, que es el vínculo de la perfección....

CAPITULO PRIMERO Imprimir E-mail

He leído la Exhortación Apostólica del papa Francisco sobre el amor en la familia -que no es corta-  para compartir algunas ideas. Aunque intenté resumir, no  pude dejar de lado muchas de las  reflexiones que se hacen, por su importancia y profundidad. La mayor parte de las frases  son literales pero algunas  no las he puesto entre comillas porque  he abreviado los párrafos, segura de que no pierden el sentido o la intención; hago algunos comentarios personales aclarando que son míos.

 La primera consideración que se hace es muy acertada en cuanto a que las culturas son muy diferentes entre sí y todo principio general  necesita ser inculturado si quiere ser observado y aplicado.

La base de todo este trabajo es -obviamente- la Biblia y las  enseñanzas de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia; creo que los que esperaban que el  documento se alejara de esto se equivocaron, pues la iglesia se mantiene en aquello que siempre ha considerado como Voluntad de Dios. Y  creo también que esto es motivo de alegría para todos los que queremos agradar a Dios, pues necesitamos posiciones claras y  sólidas ante  tantas teorías que se nos presentan hoy en día.  Por la extensión del documento separé los capitulos.

 

A LA LUZ DE LA PALABRA

En este capítulo se hace referencia a la presencia de las familias en las Sagradas Escrituras,  empezando con  Adán y Eva; citas sobre el matrimonio, el trabajo, los deberes de padres, esposos e hijos, el amor de Dios  descrito con ternura paternal,  el amor de Jesús por la iglesia;  también se da relieve a la Santísima Trinidad como  perfecta comunión de amor y  ejemplo de familia  y  de forma más cercana e imitable para nosotros se nos presenta a  la familia de Nazaret.

Aquí también se recuerda la invitación bíblica para que el hombre y la mujer se unan y sean “una sola carne”, lo que no solo atañe a la dimensión sexual y corpórea sino también  a la unión de los corazones y de las vidas y a fructificar, si es posible, en un  hijo que tendrá genéticamente y espiritualmente, las dos «carnes».