Para Recordar

Yo me acuesto tranquilo y me duermo enseguida,  pues tú, Señor, me haces vivir confiado.

Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.

CAPITULO CUARTO - HIMNO DE LA CARIDAD Imprimir E-mail

El amor es paciente.  El que ama es capaz de refrenar sus impulsos y reacciones, mostrando compasión tolerancia y misericordia con el otro… no se trata de soportar maltratos sino de ser lento a la ira.

 

es servicial,  complementa a la paciencia, con el obrar… haciendo el bien al otro.

el amor no tiene envidia, la felicidad y el bienestar del otro  me alegran y en ese momento no pienso en mí mismo.

no hace alarde, se refiere a actuar con   humildad, dejar el  orgullo y las  actitudes dominantes.

no es arrogante, el que ama no obra con dureza sino con  amabilidad y  cortesía, empezando por la mirada, no vive exigiendo todo de los demás - y esto atañe a todo cristiano-

no busca su propio interés, es parecido al amor de una madre que no busca ser amada sino que ama hasta el final sin esperar nada a cambio; va mas allá de la justicia.

no se irrita, la agresividad es una violencia interior contra los otros, a quienes vemos como  enemigos;  este sentimiento nos enferma y nos  aisla; “sentir no es consentir”,  así que es normal enojarse pero no debemos alimentar la rabia sino superarla   y “ que la puesta del sol no os sorprenda en vuestro enojo”, dice la Biblia.

no lleva cuentas del mal,  se refiere a un perdón sincero, sin rencor; cuando se  suponen todo tipo de malas intenciones  el rencor va creciendo y se arraiga; “de ese modo, cualquier error o caída del cónyuge puede dañar el vínculo amoroso y la estabilidad familiar”; “ la justa reivindicación de los propios derechos, se convierte en una persistente y constante sed de venganza más que en una sana defensa de la propia dignidad”.

Cuando hemos sido ofendidos o desilusionados, el perdón es posible y deseable, pero nadie dice que sea fácil. La verdad es que “la comunión familiar puede ser conservada y perfeccionada sólo con un gran espíritu de sacrificio”. Pero, además, “hace falta orar con la propia historia, aceptarse a sí mismo, saber convivir con las propias limitaciones, e incluso perdonarse, para poder tener esa misma actitud con los demás”.

Esto también  supone la experiencia de ser perdonados por Dios, justificados gratuitamente y no por nuestros méritos, para perdonar a los demás aun cuando hayan sido injustos con nosotros. “De otro modo, nuestra vida en familia dejará de ser un lugar de comprensión, acompañamiento y estímulo, y será un espacio de permanente tensión o de mutuo castigo”.

no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.  se alegra con el bien del otro, cuando se reconoce su dignidad, cuando se valoran sus capacidades y sus buenas obras. "Eso es imposible para quien necesita estar siempre comparándose o compitiendo, incluso con el propio cónyuge, hasta el punto de alegrarse secretamente por sus fracasos”.

Todo lo disculpa, Se diferencia de «no tiene en cuenta el mal», porque este término tiene que ver con el uso de la lengua; puede significar «guardar silencio» sobre lo malo que puede haber en otra persona. Implica limitar el juicio, contener la inclinación a lanzar una condena dura e implacable: «No condenéis y no seréis condenados» .

“Los esposos que se aman y se pertenecen, hablan bien el uno del otro, intentan mostrar el lado bueno del cónyuge más allá de sus debilidades y errores. En todo caso, guardan silencio para no dañar su imagen. Pero no es sólo un gesto externo, sino que brota de una actitud interna. Tampoco es la ingenuidad de quien pretende no ver las dificultades y los puntos débiles del otro, sino la amplitud de miras de quien coloca esas debilidades y errores en su contexto. Recuerda que esos defectos son sólo una parte, no son la totalidad del ser del otro. Un hecho desagradable en la relación no es la totalidad de esa relación. Entonces, se puede aceptar con sencillez que todos somos una compleja combinación de luces y de sombras. El otro no es sólo eso que a mí me molesta. Es mucho más que eso. Por la misma razón, no le exijo que su amor sea perfecto para valorarlo. Me ama como es y como puede, con sus límites, pero que su amor sea imperfecto no significa que sea falso o que no sea real. Es real, pero limitado y terreno. Por eso, si le exijo demasiado, me lo hará saber de alguna manera, ya que no podrá ni aceptará jugar el papel de un ser divino ni estar al servicio de todas mis necesidades. El amor convive con la imperfección, la disculpa, y sabe guardar silencio ante los límites del ser amado”. (Esta reflexión me encantó, es muy asertiva, si todas las parejas pensaran así…¡no habría divorcios!)

todo lo cree, “El amor confía, deja en libertad, renuncia a controlarlo todo, a poseer, a dominar”; da  espacios de autonomía, apertura al mundo y nuevas experiencias; cuando un miembro de la familia  sabe que los demás confían en él se muestra tal cual es, sin ocultamientos y no se necesitará recurrir a las mentiras.

todo lo espera, Indica la espera de quien sabe que el otro puede cambiar e implica “aceptar que algunas cosas no sucedan como uno desea, sino que quizás Dios escriba derecho con las líneas torcidas de una persona y saque algún bien de los males que ella no logre superar en esta tierra”.

Incluye también la certeza de una vida más allá de la muerte;  “esa persona, con todas sus debilidades, está llamada a la plenitud del cielo”, “donde brillará con toda su potencia de bien y de hermosura”;  y desde ahora podemos  contemplarla con una mirada sobrenatural, a la luz de la esperanza.

todo lo soporta Significa sobrellevar con espíritu positivo todas las contrariedades. “No consiste sólo en tolerar algunas cosas molestas, sino en algo más amplio: una resistencia dinámica y constante, capaz de superar cualquier desafío”. Es optar por el amor a pesar de todo, aun cuando todo el contexto invite a otra cosa. “Manifiesta una cuota de heroísmo tozudo, de potencia en contra de toda corriente negativa, una opción por el bien que nada puede derribar”.

El ideal cristiano, y de modo particular en la familia, es amor a pesar de todo y se debe vivir y  cultivar en medio de la vida que comparten todos los días los esposos, entre sí y con sus hijos.