Para Recordar

Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, dice el Señor

Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.

LA CONFESION Imprimir E-mail

Como ya he relatado dentro de esta página, una de las primeras cosas que nuestro Señor puso en mi corazón cuando decidí buscarlo, fue el deseo de confesarme. Es una gracia de Dios, sin duda; algo que inquieta el corazón y que puedo describir como un despertar de la conciencia, pues se empieza a sentir la necesidad de liberarse de las culpas y se empiezan a recordar, y a ver como reprobables, algunos actos que antes carecían de importancia.

Primero hay que decir que los católicos nos confesamos con un sacerdote confiando en que -a través de  él-  Dios mismo nos perdona; esto  por el poder que Jesús le confirió a sus apóstoles cuando les dijo: “A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes los retengáis, les quedan retenidos” (Juan 20,23). Y de nuevo hay que decir que esta promesa se cumple sin importar cuán bueno o cuán malo sea el sacerdote.

Pero, ¿por qué confesarse? Porque el alma lo necesita para  encontrar la paz. Así como el cuerpo que no se lava va acumulando suciedad, mal olor e incomodidad, así el alma.  ¿Quién le dará descanso a ese corazón agobiado por viejas rencillas y dolorosos recuerdos? ¿Quién le devolverá la dignidad a esa persona que se ha lastimado o  rebajado  a sí misma por gusto o rebeldía?  ¿Quién acortará las distancias y romperá las barreras que alejaron a la criatura de su creador? Sólo Dios, solo Él a través de un acto de humildad, de un acto sincero de arrepentimiento.

Para quienes  deseen gustar de este  “baño espiritual” y  descansar en los brazos de Aquel que les mantiene con vida, quiero repasar brevemente los pasos recomendados para hacer una buena confesión.

1.Examen de conciencia: Consiste en recordar todos los pecados que hemos cometido desde la  última confesión.  A mí me ayuda mucho hacer una lista.

2.Arrepentimiento: Es el  dolor de haber ofendido a Dios y el rechazo  del pecado y es una gracia que el mismo  Dios nos da.    

 3.Propósito de la enmienda: Es  la  decisión firme de no volver a pecar; de  evitar la ocasión  cueste lo que cueste.

4.Confesión: Consiste en decirle al Sacerdote  todos los pecados con sinceridad, humildad, prudencia (sin descubrir pecados ajenos) y en forma breve.

5.Satisfacción: Es cumplir la penitencia que nos impone el sacerdote, con la intención de reparar los pecados cometidos. Es obligatorio cumplir la penitencia, porque es parte del mismo sacramento.

Muchas veces al terminar la confesión el sacerdote nos pide hacer el “acto de contrición”; entonces se puede hacer la siguiente oración:

¡Señor mío Jesucristo!, Dios y Hombre verdadero, por ser vos quien sois, bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido, yo propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me sea impuesta. Amén.

 La iglesia recomienda confesarse  por lo menos una vez al año, pero el confesarse con frecuencia, por ejemplo una vez al mes, nos trae grandes beneficios: además  de purificar la conciencia, nos lleva a aumentar la gracia de Dios,  el conocimiento propio y  la humildad; a fortalecer la voluntad y a combatir las malas costumbres.

EL EXAMEN DE CONCIENCIA

 

Aunque pecado se define como todo  acto, dicho, deseo, pensamiento u omisión contra la ley de Dios, generalmente no necesitamos de un experto…interiormente sabemos cuándo  lo hemos ofendido: con un acto totalmente consciente y libre en Su contra, contra otra criatura o contra nosotros mismos. El pecado en materia grave se denomina MORTAL, pues aparta al hombre de Dios; el pecado llamado VENIAL,  por su parte, aunque no rompe la relación con Dios, debe ser combatido para el progreso del alma.

Si verdaderamente deseamos  acercarnos a Dios –repito- Él mismo nos va revelando aquellas cosas con las cuales lo ofendemos. Sin embargo, mucho nos puede ayudar el conocimiento de la ley de Dios, cuando, siguiendo la corriente del mundo, la costumbre y la moda hemos perdido la capacidad de identificar el pecado. No a pocos he oído decir “¿qué pecados puedo tener yo, si no le hago mal a nadie?”.

Jesús resumió así la ley: " el Señor nuestro Dios es el único Señor;  y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas” y “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”; sin embargo  los 10 Mandamientos de la Ley de Dios, dados desde antiguo a Moisés no pierden vigencia, y dicen claramente lo que  se debe y no se debe hacer.

  •  Los tres primeros se refieren  a Dios: Amar a Dios sobre todas las cosas; No jurar su Santo Nombre en Vano y Santificar las fiestas.
  •  El cuarto nos pide directamente Honrar a padre y madre.
  •  Los restantes son:   No matar;  No cometer actos impuros; No robar; No mentir; No desear la mujer del prójimo y No codiciar los bienes ajenos.

 Personalmente me parece más fácil hacer el examen de conciencia dividiendo las  faltas así: con Dios, con los demás y conmigo misma.  La siguiente “lista de chequeo” es bastante completa.

 

CON DIOS

 ¿He creído y confiado en Dios?  Lo amo?

¿Lo busco constantemente? o solo cuando lo necesito…

 ¿Me intereso por alimentar mi espíritu mediante la misa dominical, la lectura de Su Palabra u otras actividades?

¿He puesto por encima de Dios a alguna persona, al trabajo, al estudio, al dinero, al poder, al tener?

¿Hago las cosas por Él o por mí?  Un acto sencillo de alabanza ofrecido a Dios (como el parpadear, el caminar o el respirar), vale mucho más que una obra benéfica enorme  hecha por orgullo o  deseo de reconocimiento.

¿Le agradezco a Dios las alegrías, y cuando sufro me fortalezco en Él?

¿He buscado o aceptado objetos, doctrinas, ritos, cultos y prácticas de cualquier tipo que involucren manejo de la suerte, brujería, magia, superstición, poderes sobrenaturales o  adivinación?

¿He ofendido con mis palabras y actitudes a Dios y a las personas, lugares o cosas consagradas a Él?

¿He usado inconvenientemente el nombre de Dios? ¿Lo he puesto como garante de mis mentiras?

CON LOS DEMAS

¿He sido agradecido con mis padres? los trato con respeto, les obedezco,  y les ayudo? La Biblia dice: “Honra a tu padre y a tu madre, como el Señor tu Dios te ha mandado, para que tus días sean prolongados y te vaya bien en la tierra que el Señor tu Dios te da” Y es el único mandamiento que trae una promesa.

¿He tratado de amar a los demás como Dios me ama a mí?  Me esfuerzo por mostrarme amable, paciente y tolerante con todos?

¿Me esfuerzo por valorar a todas las personas  sin importar su apariencia o condición económica?

¿He sido instrumento de paz y reconciliación o por el contrario he alentado la discordia?

¿He abusado de los más débiles, de los que están bajo mi autoridad?

¿Si ofendo, pido perdón y si me ofenden me esfuerzo por perdonar y dejar atrás el rencor?

¿Le he hecho daño a mi prójimo con: insultos, chistes ofensivos, sátiras, chismes, calumnias, falsos testimonios, divulgación de sus secretos? He hecho algún mal físico o moral? He sido violento? ¿He dado mal ejemplo?

¿He robado?¿Me he involucrado en  fraudes, estafas, trampas, falsificación, corrupción, especulación, daño en propiedad ajena?¿pago  salarios injustos?¿hago mal mi trabajo?

 ¿He mentido? ¿ me he habituado a decir lo que no es?

¿He matado o he aconsejado matar a alguien? ¿He practicado el aborto o la eutanasia?  También se hiere y se mata a los demás con la lengua, con la humillación, con la indiferencia, con el abandono, con la ingratitud, con la injusticia.

¿Soy indiferente ante el dolor ajeno? Doy algo de mí mismo a los demás? Comparto en algo mis bienes?

¿He dado buen uso y he cuidado la naturaleza y la creación?

CONMIGO MISMO

¿Me he comportado soberbio, vanidoso, como si fuera superior a los demás? He vivido de las apariencias, buscando alabarme y que los demás me alaben? Me apropio de los logros y méritos ajenos? No soy capaz de aceptar mis defectos o mis errores? Siempre busco excusas o culpables antes de aceptar mis fallas?   En la Biblia hay numerosos textos que muestran cómo Dios aborrece el orgullo: “cualquiera que se enaltece, será humillado; pero el que se humilla, será enaltecido”.

¿Me he esforzado por superar vicios y malas inclinaciones o me he dejado esclavizar por ellos?

¿He desaprovechado el tiempo, las aptitudes o las oportunidades que Dios me ha dado en la vida?

¿He caído en la lujuria (goce desordenado del placer sexual) con pensamientos, deseos, palabras o acciones impuras? ¿Evito la ocasión de pecado o me expongo constantemente a caer en él? ¿Incito a los demás a pecar?

¿Envidio el progreso o el bien de los demás? ¿Soy avaro?