Para Recordar

Revestíos de amor, que es el vínculo de la perfección....

EL VALOR DE LA MISA Imprimir E-mail

Ya desde hace años yo disfruto mucho de la celebración de la misa: escucho con atención las lecturas esperando que el Señor me hable a través de ellas; coloco en el altar mi vida y la de todos los que me preocupan al momento del ofertorio; oro por algunos difuntos, y especialmente, espero con ansiedad el momento de la comunión; aunque no sienta la presencia amorosa y siempre sorprendente del Señor, yo no dudo de que siempre está ahí y me embeleso con esos brevísimos instantes de intimidad con El.

Esta semana me encontré en un rincón un pequeño librito que hace tiempo me regalaron y que hasta ahora vine a leer; habla sobre el valor incalculable que tiene la misa, valor que ignoramos, desaprovechamos y deshonramos. Resumí algunas ideas al respecto, y las quiero presentar aquí, con la esperanza de despertar el interés de los que no asisten y motivar a los que asisten a un mejor aprovechamiento de esta celebración.

 

 

 

De “El Tesoro Escondido de la Santa Misa” San Leonardo de PortoMaurizio, franciscano ( 1676-1751)

· Todas las religiones siempre han establecido sacrificios dentro del culto que se rinde a Dios. El sacrificio en la iglesia católica es el de la Santa Misa, el cual es santo y perfecto.

· La Misa renueva el sacrificio de la cruz: la crucifixión de Jesús “pagando” por los pecados del mundo. El mismo Cuerpo, la misma Sangre, el mismo Jesús que se ofreció en el Calvario… se ofrece en la Misa. Sin derramamiento de sangre se repite el sacrificio para que nos sirvamos de él.

· Como un sirviente indigno puede dar una espléndida limosna de parte de su Rey, así, sin importar cuán indigno pueda ser el sacerdote que celebra la Misa, en él se hace presente Jesucristo; Él mismo es el sacrificador -que convierte el pan y el vino en Su Cuerpo y Sangre preciosísima- y es la víctima, que se ofrece a Dios.

· Todos los asistentes a la celebración ofrecen, con el sacerdote, este sacrificio.

· El sacrificio de la Misa es el prodigio más asombroso de la Omnipotencia Divina. Un Dios que baja del Cielo a la tierra y se presenta en las especies de pan y vino supera hasta la obra de la creación.

· La Santa Misa, en la que “el Cordero sin Mancha se ofrece sin cesar al Eterno Padre como víctima expiatoria de los pecados del mundo”, aplaca la ira de Dios. Es por esto que el “Dios de los Ejércitos”, que castigaba con rigor la maldad de su pueblo –según se lee en el antiguo testamento-, espera con paciencia ante la maldad desmedida de estos tiempos.

· La Santa Misa es un medio a través del cual el cristiano puede dar cumplimiento a las “obligaciones” principales que tiene para con Dios y que son:

Primera: Alabarlo y honrar su Infinita Majestad.

Un alma que asiste a la Santa Misa con devoción, tributa a Dios más Gloria que todos los Ángeles y Santos con las adoraciones que le dirigen al Cielo, porque es Jesús quien se humilla en el altar, adorando a la Santísima Trinidad, tanto como es adorable.

Segunda: Darle reparación por los innumerables pecados que cometemos.

En la Misa, la misma sangre que ha sido derramada por Jesucristo para la redención del linaje humano es aplicada y se ofrece especialmente por los pecados del que celebra o hace celebrar este Sacrificio y por los de todos cuantos asisten a él con devoción.

Tercera: Agradecerle por todos los beneficios recibidos.

La Santa Misa es por excelencia un acto de acción de gracias a Dios, por eso se le da el nombre de “Eucaristía”.

Cuarta: Pedirle su asistencia y todas las gracias que necesitemos.

Amparados en los méritos de Jesús, podemos pedir con confianza a Dios todas las gracias espirituales que necesita nuestra alma, así como los bienes temporales que nos hacen falta, además de que nos preserve de tantos males que azotan a la humanidad. Con Jesús como ofrenda, que además pide por nosotros y es nuestro abogado, por la Santa Misa se reciben aún gracias que ni siquiera hemos pedido o imaginado.

Para terminar, solo quiero mencionar otro beneficio de la Santa Misa que el autor enfatiza y es el gran alivio que proporciona a las almas del purgatorio, por lo que exhorta de mil maneras a ofrecer misas y oraciones por nuestros queridos difuntos, como algo que también redundará en favor propio.