Para Recordar

Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, dice el Señor

Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.

QUIEN SOY Imprimir E-mail

de_niaNací a finales de 1964 en una familia católica y tradicionalista, soy la menor de 6 hermanos -4 mujeres, 2 hombres-. Seis años me separan de mi hermana más próxima por lo que recuerdo que mis juegos de infancia siempre los desarrollaba en soledad, pero con gran imaginación. Si, tengo gran imaginación pero no tanta como para haber inventado todo este “rollo” con Jesús. Alguna vez, en la universidad me pusieron como tarea escribir un ensayo de tres hojas sobre un tema libre y ni siquiera lo intente…lo copié!!.

 

Soy  tímida e introvertida cuando estoy en un grupo –distinto a mis familiares o amigos muy cercanos-, sin embargo me gusta  hacer reír a los demás y me fascina la gente con buen sentido del humor…alegre.

 

hermanos2Mis peores defectos: aunque el Señor me ha cambiado muchísimo en esto, sigo siendo bastante impaciente con los demás, no resisto los trabajos lentos o inútiles y siempre me han fastidiado las reuniones y las conversaciones que no avanzan hacia ningún objetivo; también me cuesta ser ordenada –aunque me esfuerzo por cambiar los hábitos de toda una vida-  y me han criticado el ser demasiado sensible y crédula…impresionable.

En cuanto a las cualidades, creo que, por herencia de mis padres, mis hermanos y yo tenemos un noble corazón, incapaz de hacerle daño a los demás en forma consciente o  premeditada; también me considero recta, sincera y responsable. 

 

Mi vida social

 

El riguroso cuidado que  mis papás tenían especialmente para con sus hijas siempre nos  impidieron tener una activa vida social, la cual se limitaba prácticamente a una que otra fiesta al año a la que nos permitían asistir y a las visitas o caminatas con los novios. La primera fiesta que se ofreció en nuestra casa fue con motivo de la boda de mi hermana mayor y en general nunca se recibían invitados excepto los novios o alguno que otro compañero de estudio.

 

 

 Por mi parte, mi afición por el baile me llevó a participar, tanto en el colegio, la universidad y el trabajo, en los grupos de danzas conformados, haciendo nuevas “amistades” que en todo caso no iban más allá de las horas de entrenamiento. También asistí a clases de artes marciales durante varios semestres.  

 

Con tristeza reconozco ahora que siempre desaproveché la oportunidad de cultivar buenos amigos. Aún con los más cercanos, nunca fui realmente abierta y efusiva y nunca me di verdaderamente a la amistad…tal vez  por orgullo, por egoísmo,  por miedo. No puedo negar la influencia que tuvo en mí el marcado machismo de mis papás.

 

Recuerdo sí que, aunque yo rechazaba instintivamente cualquier contacto físico con mis compañeros, en ocasiones sentía gran necesidad de un abrazo; por fortuna en la universidad encontré entre mis compañeros a uno tan descomplicado y simpático –con buen sentido del humor- al que me acercaba de vez en cuando, sin prevención alguna, para pedirle un abrazo y él me lo daba, sin más. De mi primer trabajo  también recuerdo con gran cariño a un compañero que parecía un niño por su sinceridad  “irresponsable” y su permanente alegría; de él recibí varios abrazos de amigo cuando los necesité.  En el siguiente empleo me di cuenta de que no era conveniente prodigar abrazos inocentes,  cuando el compañero al que trataba de darle uno saltó aterrorizado a un rincón.  No es raro que el Señor me haya seducido a través de un abrazo, mejor dicho, de tres. 

 

 

 Mi vida social cambió en cuanto me casé. Con el permiso que mis papás me habían negado  y que ahora mi esposo me daba, empecé a participar animadamente de cuanta reunión y fiesta podía, primero en la universidad y luego en las empresas en que trabajaba. Celebración de cumpleaños, navidades, viernes….Ahora veo que de todo ello no quedó nada bueno, al contrario, todo esto silenciosamente va minando la unidad matrimonial y sin duda cimentó nuestras posteriores crisis, pero ¿cómo saberlo? ¿cómo comprenderlo en ese momento? Mi experiencia como mujer casada también cambió definitivamente la forma en que veía a los hombres. Empecé a ver y a valorar las cualidades de todos aquellos que conocía y abandoné el temor que les tenía, al descubrir sus debilidades. 

El amor 

Aunque estudié el bachillerato en un colegio femenino no faltaron las oportunidades para  conocer algunos muchachos que me entusiasmaron, sin embargo, la idea de que todos  los hombres buscaban en primer lugar utilizar a la mujer, si se prestaba para ello, quedó firmemente grabada en mi mente, luego  de oirla de mi papá cientos de veces.

 Así, terminé mi bachillerato y aún mis dos primeros años de universidad sin  tener un novio; no solo rechazaba a cualquiera que pretendiera este tipo de relación sino también a los amigos si  notaba  que su interés iba más allá.

Debo decir que nunca me faltaron los “amores platónicos”, encendidos, alimentados y hasta compartidos por los escritos de Gustavo Adolfo Bécquer, poeta romántico español, cuyas “obras completas” cargué en mi maleta (edición de bolsillo) hasta que me casé.

 Yo soy ardiente, yo soy morena,

Yo soy el símbolo de la pasión.

De ansias de goces mi alma está llena,

a mi me buscas?  - No, no es a ti.

Mi frente es pálida, mis trenzas de oro,

puedo brindarte dichas sin fin.

Yo de ternuras guardo un tesoro,

ami me llamas? -No es a ti, no.

Yo soy un sueño, un imposible

vano fantasma de niebla y luz.

Soy incorpórea, soy intangible

no puedo amarte. -¡ Oh ven, ven tu!

 Luego de un noviazgo de un año con un joven que -siempre supe- no era como para “toda la vida”, conocí a mi actual esposo y enseguida lo acepté como novio. Tres meses más tarde ya deseábamos casarnos pues cada día sufríamos más las despedidas. Seis meses después, con el beneplácito de mis papás y las dudas de los de él, nos casamos pero la mayor parte del tiempo permanecíamos en casa de nuestros respectivos papás; un año después nos organizamos juntos cuando mi esposo, ya graduado, consiguió trabajo. A estas alturas yo no podría decir si nos amábamos entonces; después de todo lo vivido no puedo creer en el amor sin sacrificio sino en aquel que se construye en medio de las dificultades; eso sí, aún en los peores momentos yo no he dejado de reconocer las muchas cualidades de mi querido esposo: me encanta su sencillo sentido del humor, su noble y  generoso corazón, su capacidad de actuar como un niño, su dulce sonrisa. Además es responsable, humilde, pacífico, justo.

 

Aunque me casé totalmente enamorada de mi esposo, debo decir que mis relaciones matrimoniales no saciaron mis anhelos. No puedo negar que disfruto el contacto físico con mi esposo y siempre ha sido así; conozco y he sentido, no solo una, sino varias y diferentes sensaciones físicas de placer en mis relaciones con  él; sin embargo, todo esto me dejaba siempre el triste sabor de un solo, simple y pasajero gusto material como cuando se consume y se sacia el paladar de un plato exquisito.

 

 

Mi vida Laboral

Por suerte, la carrera de Ingeniería de Sistemas –escogida prácticamente a ciegas- y el enfoque de la universidad, me gustaban cada vez más y antes de graduarme tuve la oportunidad de adquirir experiencia laboral  por medio de un acuerdo realizado entre la  facultad y una importante empresa pública.   En cuanto terminó mi primer contrato de trabajo y con la recomendación de un profesor de la facultad, ingresé a un prestigioso banco a trabajar en el área de auditoría en donde adquirí experiencia, formación y gusto por esta disciplina.Posteriormente y tras mejores oportunidades y ambientes laborales trabajé en tres empresas más, desempeñándome siempre en labores de auditoría. Mi trabajo como auditora, cargo que lleva consigo una detestable imagen de “fiscal” y “acusador”, me  generaba frecuentes malestares, sin embargo, a pesar de los obstáculos, enemistades “gratuitas”  e infaltables malos entendidos, el balance final siempre fue positivo. Todos mis jefes dieron cuenta de mi interés, honestidad, sinceridad, dedicación, responsabilidad y eficiencia, y no hubo ninguno que no lamentara mi retiro. Aún en los trabajos voluntarios que realicé  me preocupé de inmediato por la estandarización y documentación de los procesos buscando mecanismos de control, evaluación, mejoramiento y proyección, razón por la cual dejé, para quienes me conocieron, un vacío significativo. También acepté el reto de dictar clases, en horario nocturno, en una reconocida universidad a estudiantes de octavo y noveno semestre de contaduría. Esta experiencia, que me dejó una gran satisfacción personal, dejó también ver mi gusto y aptitud para  la enseñanza; desafortunadamente me vi en la necesidad de abandonar  esta oportunidad debido al peligro que representaba llegar hasta mi casa a altas horas de la noche Por todo esto, aunque abandoné el trabajo desde 1996, cuando nació mi primer hijo, no me siento para nada frustrada o “desperdiciada”, siento que me realicé profesionalmente. Además nunca he estado totalmente inactiva. 

  Mi relación con Dios

Aunque el rosario, la misa y las imágenes de Jesús y María  eran comunes en mi hogar yo realmente no recuerdo haber tenido una relación estrecha con ellos antes de 1991, cuando me integré a un grupo de oración. Sin embargo nunca he olvidado que, cuando era muy pequeña, mi papá sufrió un estrangulamiento de úlcera gástrica bastante grave – era la segunda vez-  y que con toda mi alma le pedí a Dios “En nombre de Jesús” que no se muriera y nunca dudé de que el Señor salvó a mi papá por mi oración,  manteniendo en el fondo de mi corazón  una especie de “deuda” con El. Posteriormente recibí otras gracias, segura del poder de la oración “en nombre de Jesús”. Durante mi permanencia en la Universidad tampoco me acerqué a Dios con el corazón, aunque asistía de vez en cuando a la misa dominical. Sin embargo, sentía en mi espíritu un deseo trascendente de compañía, de amor puro y profundo; unas ansias incomprensibles que se hacían más intensas ante un hermoso y soleado cielo azul, ante la belleza de la naturaleza que me extasiaba.  Ahora creo que intuía a Dios presente en todo lo hermoso, en todo lo bueno y le digo –como dice una canción-  “en cada sueño que soñé… en cada vida que viví… solo buscaba sin saber… algo de Ti…” .

La vida matrimonial.

Desde un principio mi esposo y yo estuvimos de acuerdo en  que no era conveniente traer más niños al mundo “por tanta maldad” (y tal vez por los recuerdos de una infancia y adolescencia  llena de carencias); además, pensando en terminar la carrera planifiqué durante mi primer año de casada con píldoras suspendiéndolas al escuchar sobre sus efectos secundarios;  me informé entonces sobre el método natural y empezamos a utilizarlo, a decir verdad sin mucha técnica, pues este asunto no nos preocupaba, ni siquiera cuando ya cumplíamos 9 años de matrimonio sin que hubiera muestras de fertilidad.

 Durante todo este tiempo, y luego del primer año difícil de “acoplamiento”, puedo decir que  disfrutamos enormemente de nuestra independencia, de los gustos que nuestros sueldos nos permitían y ahorrábamos para algún día cumplir todos nuestros sueños; compartíamos casi todo el tiempo libre, visitábamos frecuentemente a nuestros padres y en medio de bromas y buen sentido del humor se minimizaban los disgustos.

 En el afán de no coartar la libertad de mi esposo, yo no lo acompañaba a sus reuniones en la oficina y pocas veces a los eventos deportivos, además porque la timidez no me permitía integrarme adecuadamente a su grupo de amigos. Mi esposo tampoco se mostraba celoso o posesivo de ninguna manera y me permitía asistir sola a reuniones. Tarde pudimos darnos cuenta de que al andar solos se le abren caminos al desamor y a la infidelidad.Ya pasamos los 20 años de matrimonio y, según se podrá leer en otros títulos de esta página, hemos superado varias pruebas y apenas estamos construyendo una base firme en el amor de Dios para sostener el hogar.  

  

Porqué esta página… 

Porque  entre millones de personas, un día sentí  que mi oración fue respondida por Dios, ante el asombro de mi débil fe. Porque este episodio “milagroso” cambió mi vida; el amor que me mostró Jesús me conmovió de tal manera que  me propuse buscar la santidad para complacerlo a El.   Empecé dedicándole poesías y hasta escribiéndole algunas  rimas,  leyendo con avidez la vida de varios santos, frecuentando el Santísimo y la Eucaristía. También decidí anotar este y otros  hechos  que había considerado como verdaderos milagros, para no olvidarlos. Sin embargo, el  número de sucesos “milagrosos” se fue extendiendo y extendiendo sin parar mientras que yo trataba -en medio del agite y los problemas de una vida ordinaria-  de buscar y obedecer a Jesús, con la certeza de su cercanía. Luego, una mañana tuve la seguridad de que debía escribirlo todo, que debía  decirlo, que debía gritarlo si pudiera…que Dios ama a cada hijo como si fuera el único, que lo conoce profundamente y lo respeta, que lo escucha, que tiene infinidad de promesas para él y que las cumple, en fin,  que entabla con quien lo busca una maravillosa e íntima relación de amor  que  lleva a la plenitud. 

 

 Todo suceso viene de Dios“Si el Señor no protege la ciudad, de nada sirve que vigilen los centinelas” 

Todos los relatos, a mi modo de ver, son muestras del amor infinito de nuestro Padre Celestial.  Muchos  se pueden catalogar como meras coincidencias pero, igual, ante la falta de fe hasta la más impresionante aparición beatífica puede considerarse como una pobre alucinación. Sin embargo, que triste el alma que no concibe la presencia Divina en cada acto, en cada criatura, pues, qué valor le puede dar a su misma existencia, colocada como por azar aquí en la tierra. Qué esperanza puede tener un ser humano cuando siente que las circunstancias de su vida, su futuro y su misma felicidad dependen en gran medida tal vez de la suerte  y de los demás. Sobre todo, en una sociedad marcada por la insensibilidad y el egoísmo y amenazada por terribles enfermedades y desastres naturales que el hombre no puede controlar. Valga para mí y para todo aquel que desee la paz, el abandonarse en los brazos amorosos de aquel que nos creó. ¿Quien más que El puede cuidarnos y ocuparse de todas nuestras cosas en un caos como el que existe actualmente, mientras que nosotros nos deleitamos en su contemplación y alabanza? Solo basta querer… quiero animar a quien, por gracia de Dios, hoy lee esto para que lo intente…para que ponga su vida y su  voluntad a los  pies  de quien lo creó y lo ama verdaderamente y pueda ver milagros en su vida… todos los días.     (Publicado en Noviembre 2008)

 

El 19 de julio de 2013 mi esposo y yo cumplimos 27 años de casados y quisimos volver al  bello y tranquilo lugar en donde pasamos nuestra  "luna de miel", un hotel colonial  de 5 estrellas, ahora ampliado y con SPA,  que sigue siendo uno de los mejores de Villa de Leyva.  Aquí están las viejas  fotos de dos jovencitos felices e inocentes que se embarcaban en un viaje que nunca imaginaron: la construcción de una familia; enfrentadas están  las relucientes fotos nuevas de la madurez: batallas luchadas y vencidas...el orgullo de resistir, la esperanza de permanecer.

La plaza principal

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El hotel

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La Habitación

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La parte de atrás del hotel

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Otras

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Nuestros hijos

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