Para Recordar

¡No es posible servir a Dios y al dinero!

La Ascensión del Señor a los cielos Imprimir E-mail

Este día, la oración de la Misa dice: “Llena, Señor, nuestro corazon de gratitud y de alegría por la gloriosa Ascensión de tu Hijo, ya que su triunfo es también nuestra victoria, pues a donde llego El, nuestra cabeza, tenemos la esperanza cierta de llegar nosotros, que somos su cuerpo.

Hoy se nos invita a mirar al cielo, a mirar a la casa a la que somos llamados; de donde venimos, y hacia donde deberíamos ir. Por eso hoy que Cristo ha ido a su Padre, nosotros debemos de tener la esperanza cierta de llegar, nosotros que hemos sido objeto del amor de Sagrado Corazón, nosotros que hemos sido la causa de su sufrimiento, de su dolor, y todo por abrirnos las puertas del cielo, y prepararnos un lugar.

Por ello esta fiesta me hace pensar a mí en el cielo. Pienso en el momento maravilloso en que, si somos fieles, veremos el rostro de Dios. ¿Cómo será ese momento? San Agustín que es muy claro en su pensamiento dijo esta maravillosa frase: “Después de nuestra vida, Dios mismo será nuestro lugar” Por eso tenemos que pensar que el cielo no sólo es un lugar, si nos ayuda a nuestra fe podemos pensar así, pero sobretodo el cielo es estar con Alguien, ESTAR CON ALGUIEN.

 

Estar contemplando a Alguien, estar con Alguien para siempre, estar para siempre a quien tanto hemos querido, a pesar de nuestras debilidades y miserias. Estar con Alguien. Alguien que padeció las penas más tremendas por nosotros, alguien que nos ama de una forma arrebatadora que se dejó crucificar por nosotros. Si esto hizo por nosotros, debemos pensar lo hermoso que tiene que ser el cielo para que Dios haya pagado el precio, para que nosotros nos alejáramos del camino del mal, y eligiésemos el cielo. Por lo tanto el cielo es ESTAR CON ALGUIEN, y Alguien que nos ama. Como dice el Santo Padre Benedicto: “Quien cree en Dios nunca está solo, nunca será defraudado, ni en la vida ni en la muerte, ni el tiempo ni en la eternidad.” Nunca estaremos solos, si nos hemos dejado amar, si hemos pedido perdón y nos hemos dejado perdonar, tendremos seguros el amor de Dios, su compañía para siempre.

Me pregunto: ¿Cómo será el rostro de Dios? Pienso, que cuando estaremos en el cielo, si es que somos fieles a la gracia de Dios, pienso el momento en que estaremos cara a cara con Dios; pienso en que su aparición va a ser lenta y no repentina, todo esto porque nuestra alma no estará acostumbrada todavía a tanta luz y tanta claridad; por lo tanto una aparición lenta, como la de una imagen en un papel fotográfico.

Y entonces Él nos mirará, me mirará, y lo más seguro que quedaré sin habla. Después de un tiempo nos daremos cuenta de que no sirvió de nada el rollito que quizás teníamos preparado para cuando estuviéramos delante de Él.

Las excusas de las veces que caímos, el poco amor y la desconfianza que a veces le tuvimos, las ingratitudes, infidelidades, mi maldad etc. Pero todo ello perdonado ya por su Misericordia. Entonces Él me mirará con infinita ternura, como me mira ahora desde el Sagrario, con infinita ternura, como lo ha hecho siempre. En un primer momento lo más probable es que yo necesite que me tranquilicen por estarlo viendo a Él.: “ No tengas miedo, soy yo” me dirá con su voz llena de amor. Y entonces me abrirá sus brazos y me dirá: “ Ves, no te equivocaste confiaste en mí, y yo no defraudo a nadie, ni en el vida, ni en la muerte, ni en el tiempo ni en la eternidad”

Pensemos esta realidad del cielo. Por un poco de cielo, vale la pena pasar lo que sea en esta vida. No nos dejemos enfangar con la tierra, recordemos que estamos hechos en el cielo, y sólo el cielo nos llenará, porque sólo Dios basta, en esta vida y en la otra, en el tiempo y en la eternidad.

P Juan Carlos Mari LC