Para Recordar

Revestíos de amor, que es el vínculo de la perfección....

SEMANA SANTA Imprimir E-mail

(Muchos detalles que menciono aquí los he tomado del libro “Las Horas de la Pasion” de Luisa Picarreta.) 

Esta semana recordaremos los últimos días que pasó Jesús en la tierra como hombre.  Pensémoslo despacio, saboreémoslo y acerquémonos a esta verdad para sacar algún provecho de ella.

 

Primero imaginémoslo como un pequeñísimo  embrión, como un feto,  nueve meses encerrado en el estrecho espacio de un vientre; luego, como  un niño -tal vez juguetón- y como un adolescente -posiblemente introvertido-. Imaginémoslo conviviendo con  familiares y vecinos  como cualquiera de nosotros.

 

Pero Jesús no perdió el tiempo, santificó la vida humana hasta en las acciones más comunes y corrientes pues  todo lo hacía dando gracias al Padre Celestial y reparando las faltas  e indiferencias de los hombres. Nosotros también lo podemos hacer  si en todo decimos “ Gracias Padre, por mí y por todos”.

Y quiso especialmente compartir el sufrimiento humano… supo lo que es sentirse triste, con miedo, rechazado, traicionado, con  dolor de cabeza, de estómago, insomnio, cansancio y otros padecimientos físicos terribles, especialmente en las 24 horas anteriores a su muerte.

Durante esta  semana podremos seguir de cerca sus últimos pasos en la tierra, cuando  tuvo en frente todos los pecados del mundo -pasados presentes y futuros- y en su carne sintió todos los sufrimientos, mientras pedía perdón al Padre y hacia reparación.

 Domingo de Ramos Llegando a Jerusalén goza de una fugaz gloria  y es aclamado Rey por la  gente que luego pidió su crucifixión, prefiriendo la libertad de Barrabàs, un asesino.

Allì Jesùs ve a los hombres de todos los siglos que en un dia como hoy lo proclamamos el Mesìas, el Salvador. 

Los primeros días de la semana el Señor se deja ver por la ciudad y se enfrenta a los fariseos y escribas quienes -heridos por la Verdad- finalmente planean su aprehensión y  muerte.

Jueves Santo En la  última cena que tuvo con sus discípulos, el Señor se puso de rodillas y les lavó los pies, incluso a Judas -sabiendo de su traición- y su corazón se quebraba de dolor al ver en él a todos los que se empeñan en vender su alma. En este acto no solo dio ejemplo de amor y servicio sino que reparó las faltas de los jefes de la iglesia, de los sacerdotes y  de todos los que se acercan indignamente a los sacramentos. Luego, en un exceso de amor se recrea así mismo en el pan  y el vino para que su Presencia Real en la hostia sea fuerza y ayuda para sus hijos.

Allí mismo el Señor enfrenta el dolor de anticipar las ofensas y sacrilegios que recibirá en su Presencia Sacramental y repara por ello.

Más tarde se dirige a orar  al huerto de Getsemaní en donde su angustia era tal que sudó gotas de sangre. Y es aquí en donde podemos encontrar todos los sufrimientos posibles para un hombre… es aquí a donde podemos traer las penas  más hondas y amargas que tocan nuestra vida  para unirlas a la agonía de Jesús y encontrar un alivio. Empezando por el amor no correspondido, siguiendo por la traición, la ingratitud y la rebelión de los que más amamos  y continuando con la muerte, la enfermedad, la esclavitud y la incredulidad de los que  amamos,  y de nosotros mismos.

A media noche el Señor es arrestado y sus discípulos se dispersan; es atado, encadenado y arrastrado ante los sumos sacerdotes. Acusado injustamente,  es maltratado por los soldados y pasa la noche en vela,  atado -sin poder descansar-  para continuar con el juicio a penas asoma el día.

Viernes Santo

Jesús es presentado ante el procurador Pilato quien, aunque no ve delito en él, teme por su cargo; entonces  lo manda azotar y  el Señor ofrece su sangre, sus llagas, su carne despedazada, para reparar y obtener perdón por los pecados que se comenten especialmente contra el cuerpo, contra la pureza. El Señor es coronado de espinas y repara especialmente por la soberbia, por los malos pensamientos y el mal uso de la inteligencia.

Pilato  finalmente condena a muerte a Jesús quien repara por los poderes corruptos.

El Señor se abraza a la cruz; a su peso se suma el peso de nuestras culpas  y de todas nuestras faltas. En la cruz  hay un pedacito para cada uno de nosotros, como cátedra de sabiduría  y santidad, como prenda de salvación; porque ¿quien puede probar su fe sino es en medio de una dificultad, de una angustia o de un sufrimiento? Decir “te amo”,” creo” y ” espero” cuando todo va bien, es fácil.

Estas son  las dos primeras estaciones del viacrucis o vía dolorosa de Jesús, que se recrean el Viernes Santo,  además de las tres caídas del Señor, el encuentro con su afligida madre, la ayuda del Cireneo y otros momentos  hasta su muerte y sepultura. Allí estamos representados todos:

- Muchas veces soy Pilato porque cuido mi espalda y pienso primero en mi seguridad y en mi bienestar.

- Muchas veces he estado con los fariseos porque juzgo a los demás con severidad, he creído saber  lo que está bien y lo  que está  mal y me he creído  mejor que los otros.

- A veces he sido cruel como esos soldados y  cobarde como los discípulos; Y muchísimas, pero muchísimas veces he estado como Jesús, aplastada por el dolor, la impotencia, la traición, la injusticia…

- Pero cuando le creo y le digo “SI”, me parezco a María Santísima y cuando oro  soy  el Cireneo que le  ayuda a llevar la cruz.

A las tres de la tarde expiró Jesús, luego de tres horas de agonía en la cruz, ofreciendo  cada sufrimiento y reparando por todo tipo de pecado; a esa hora, generalmente, se inicia la celebración litúrgica de la Pasión y  Muerte de nuestro Señor; pero, si hemos logrado entender que Su Vida, Muerte y Resurrección nos abre las puertas del cielo, más que tristeza, sentiremos alegría y  gratitud.

El Sábado Santo durante el día se recuerda  a María Santísima pensando en  su inmenso dolor y soledad y es momento de pedirle que nos ayude a ser tan fuertes como ella, por la fe.

Ya en la noche se celebra la “Vigilia Pascual”,  fiesta por la resurrección del Señor. Es una ceremonia larga pero muy bella y emotiva en la cual se hace un recorrido por la historia de la salvación,  desde la creación.

El sacerdote bendice el fuego y el agua, se enciende el cirio pascual que representa a Jesús, Luz del Mundo, y se renuevan las promesas bautismales.

La misa del Domingo Santo es una continuación de la fiesta de Resurrección del Señor, porque como dice San Pablo :”Si Cristo no hubiera resucitado, vana seria nuestra fe”.

Que podríamos concluir?

Jesús, verdadero Dios, se hizo verdadero hombre para santificar la vida humana, para amar y perdonar, venciendo el pecado en una carne como la nuestra; por eso,  el que quiera puede entregar a Jesús sus debilidades y sus pecados y así quedarán  sepultados con Él  y esa persona resucitará con  Jesús, porque tendrá una vida nueva.