Para Recordar

Hay mas dicha en dar que en recibir...(Hechos 20;35)

Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.

EL SERMON DE LAS SIETE PALABRAS Imprimir E-mail

Estas reflexiones  sobre las últimas palabras de nuestro Señor las hizo mi párroco y se leyeron mientras se veneraba la Santa Cruz el Viernes Santo (2017);  me parecieron muy acertadas, breves y claras.

 

 PADRE PERDONALOS PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN

Jesús muere en medio de nosotros. No sabemos lo que hacemos. Hemos dejado de sembrar el mensaje del Evangelio en las nuevas generaciones. Niños sin bautizarse, sin hacer la primera comunión, jóvenes sin confirmarse, parejas sin acceder al matrimonio. Generaciones enteras que crecen sin una referencia a Dios. Padres de familia que se dedican solo a trabajar para tener dinero y satisfacer los caprichos de sus hijos, pero olvidando que su tarea primordial consiste en educar integralmente a los miembros de su familia, para hacer de ellos ciudadanos intachables y católicos que tienen deberes y derechos dentro de la Iglesia Católica. Si los padres no siembran el Evangelio en el corazón y la mente de sus hijos  ¿quién lo hará? El respeto y temor de Dios se está perdiendo entre nosotros. No sabemos lo que hacemos, las consecuencias de esta omisión vendrá en contra de la propia familia.

EN VERDAD HOY ESTARAS CONMIGO EN EL PARAISO

Jesús muere en medio de nosotros. Hay una promesa para los actuales buenos ladrones. El Señor nos promete una recompensa si permanecemos fieles a la integridad de su mensaje. Estaremos con El en el Paraíso. Un Paraíso que podemos disfrutar desde ahora. Familia en paz, en respeto, en reconciliación, en tolerancia,  en la celebración de la presencia de Dios entre nosotros. Unámonos cada vez más al Señor y El nos recompensará con una vida familiar alejada de la rutina, de las peleas, de los fracasos matrimoniales, de perder a los hijos, de los vicios. Es una decisión que aunque se tomó con radicalidad el día de las promesas matrimoniales ante el altar, se debe renovar permanentemente en la eucaristía dominical, en la oración diaria, en el bendecir y orar por los miembros de la familia, en el rezo del Santo Rosario. Estaremos en el Paraíso si lo construimos con la ayuda de Dios.

 MUJER HE AHÍ A TU HIJO, HIJO HE AHÍ A TU MADRE

Jesús muere en medio de nosotros. Hemos sacado a María de nuestras vidas. María Santísima ha recibido en la cruz la tarea de ser madre de toda la humanidad. En el rito del bautismo acogemos a María como nuestra madre. Ella nos acompaña en todos los momentos de nuestra vida. De manera especial cuando pasamos por momentos de cruz, de dolor, de renuncia, de incertidumbre. Es al pasar por esos momentos como reconocemos el poder de María Santísima, quien atiende nuestras plegarias a través del Santo Rosario, que se reza diariamente con devoción para suplicarle a Nuestra Señora que nos permita transitar por los momentos duros de la vida y podamos alcanzar la fortaleza que necesitamos para nuestro diario caminar. Que orgullo tener por madre nuestra a la madre de Dios y testimoniar ante los hermanos el poder que tenemos al invocar su nombre, para sentirnos libres de todo abatimiento y para construir familias unidas alrededor de la oración.

 DIOS MIO, DIOS MIO ¿PORQUE ME HAS ABANDONADO?

Jesús muere en medio de nosotros. Estamos perdiendo la virtud de la fe. Nos contentamos con lo que podemos ver, tocar, oír, disfrutar. Nos estamos encerrando en el materialismo que asfixia nuestra vida espiritual. Podemos creer en lo que no vemos: las señales de la televisión, de la radio, de la internet. No las vemos pero las utilizamos. No vemos las realidades espirituales y decimos que no creemos porque no vemos. Es la gran contradicción del mundo actual, donde dudamos de la existencia de Dios, porque El no hace rápidamente lo que queremos. Hemos llegado al descaro de meternos en problemas y cuando estamos pagando la consecuencia de lo que hacemos, entonces invocamos a Dios, pero como El no hace nuestra voluntad, como resultado perdemos la fe. Esa es la ruta que el maligno ha diseñado para que nos sintamos solos, abatidos, angustiados y nos muestra el suicidio como camino de solución. No nos dejemos engañar.

TENGO SED

Jesús muere en medio de nosotros. El tiene sed. Sed de almas. Solo podemos saciar la sed del Señor conquistando personas para la causa del Reino. Nosotros por el contrario vivimos una espiritualidad individualista a la que le repugna la congregación de la eucaristía dominical, le molesta la preparación  a los sacramentos,  le incomoda  la oración en familia, le fastidia cualquier invitación para crecer espiritualmente. Nadie tiene tiempo. Todos estamos muy ocupados. Mientras tanto Jesús nos sigue aguardando porque tiene sed, desea que lo conozcamos más, que sintamos su amor, que vivamos en la libertad de los hijos de Dios. ¿Qué puedo hacer para saciar la sed del Señor? ¿Cómo me puedo acercar más a El? ¿Sigo teniendo miedo de perder algo por acercarme a Dios? Seamos sinceros con nosotros mismos y reconozcamos que le hemos impedido a las personas de nuestra propia familia acercarse al Señor.

TODO ESTA CONSUMADO

Jesús muere en medio de nosotros. El ha cumplido a plenitud la misión que se le ha encomendado, El ha hecho la voluntad del Padre hasta las últimas consecuencias, El ha venido a una sola cosa obedecer. Aquí  estamos nosotros. ¿Somos obedientes? Parece que los nuevos tiempos son los de hacer cada persona a su manera, según sus criterios, sin reglas, dejando atrás las tradiciones, en síntesis vivir dándole la espalda a Dios. Dios no tiene derecho a mandarme nada. Ni del matrimonio, ni de la crianza de los hijos, ni de la fidelidad, ni de la responsabilidad en mi trabajo o estudio, ni del sostenimiento económico de la Iglesia por medio de las ofrendas, primicias o diezmos. Nada, no tengo que dar razón de nada, nadie está por encima de mi. Dios nos da la oportunidad de sentir en muchas oportunidades y en el momento de la muerte algo que se llama la satisfacción del deber cumplido, que es una sensación interior de paz que reconoce que hemos hecho un esfuerzo, pero que misteriosamente Dios nos ha sostenido para llevar a buen fin  los propósitos que El mismo ha colocado en el corazón. Todo está cumplido: he sido buen estudiante, buen trabajador, buen cónyuge, buen cristiano. Esa es la satisfacción del deber cumplido.

 PADRE EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPIRITU

Jesús muere en medio de nosotros. La muerte ha perdido su significado cristiano. Jesús muere para recibir la vida por el amor del Padre. Nosotros no entendemos el significado de la muerte. Muere alguien y lloramos, nos deprimimos, nos desorientamos. Hacemos homenajes póstumos, mostramos amor tardíamente y eso nos entristece aún más. La muerte para el cristiano es otro paso necesario en el crecimiento espiritual para retornar al corazón del Padre. Nuestros hermanos difuntos se purifican para su entrada en la Casa Paterna.  Nosotros con la celebración de la eucaristía por los hermanos difuntos les ayudamos para salir de ese estadio de purificación. Es triste reconocer que  personas que nos dieron tanto durante su vida, ahora no reciban ni una eucaristía anual para salir del estado en el que se encuentran. Volvamos a creer en la comunión de los santos, en la obra de misericordia de orar por los difuntos, así hayan muerto hace muchos años. Celebremos misas por los difuntos, reunámonos a compartir la fe, pidamos que después de nuestra muerte muchos celebren eucaristías por nosotros, para poder encontrarnos de nuevo en la Casa Paterna.

Padre Luis Fernando León