Para Recordar

"A través de nuestros pequeños pasos de amor Dios hace grandes cosas, Dios logra la salvación del mundo..." @Pontifex_es

Sagrado Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen Madre Imprimir E-mail

Creer en María para un católico es algo indispensable para su fe. Los dogmas marianos no son optativos. Claro que no tienen el peso de los dogmas que tienen que ver con el mismo Dios y su Hijo Jesucristo, pero no podemos quitar las enseñanzas marianas, sin disminuir o empañar nuestro amor a Dios. Tenía razón el Papa Pablo VI cuando dijo "Todo cristiano tiene que ser mariano".

 Ciertamente el amor a María no debe empañar el amor a Cristo. Cristo es más que su Madre. Él es Dios y esto hace de Él el centro de nuestra fe.  Sin embargo la revelación cristiana es también revelación mariana, y no aceptar las cualidades de la Madre, incluso la de Intercesora, es desmerecer en algo al Hijo.  Hay dos errores que tenemos que evitar: existe el peligro de amar más a la Madre que al Hijo; o amar tanto al Hijo que nos olvidamos que Él quiso escoger a su Madre como Madre nuestra. Hay una frase que nos puede ayudar a ser mejores cristianos y marianos: Nunca sólo María sin Jesús, ni Jesús sin María, siempre a Jesús por medio de María.

 

 De todas formas hay algo más grande y real. Pensemos en esta frase de Tertuliano, un escritor cristiano del siglo tercero: “La Carne de Cristo es carne de María”

Podemos decir sin error a equivocarnos, que el Corazón humano del Hijo de Dios, tiene la carne purísima de la Madre Inmaculada. El Sagrado Corazón está lleno de la sangre de la Madre. Emana amor a su Padre celestial y a su Madre terrenal. Esto no es poesía, es el realismo de la Encarnación del Verbo Divino. Ese mismo Corazón de Jesús que me ama con tanta pasión, con tanto amor, con un amor podemos decir loco, ama a su Madre de la misma forma. Por eso no puedo pensar que Dios me escuche con agrado, si yo rechazo de alguna forma a su Madre, sea por olvido culpable o sea por desprecio.

Hay un texto que siempre me ha emocionado. Se los comparto: es del Cardenal Darío Castrillón Hoyos, hablando del valor que tiene la vida humana desde su concepción, precisamente porque el Hijo de Dios pasó por todas las etapas que pasamos los seres humanos en el seno de nuestra madre antes de nacer. Tiene lenguaje técnico de medicina, pero es muy profundo en su contenido:

«Hace dos mil años, un óvulo fue fecundado prodigiosamente por la acción sobrenatural de Dios. ¡Qué hermosa expresión: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios" Así, de esa maravillosa unión, resultó un zigoto con una dotación cromosómica propia. Pero en ese zigoto estaba el Verbo de Dios. En ese zigoto se encontraba la salvación de los hombres.

Unos siete días después, se produjo el adosamiento del blastocito en la mucosa del endometrio y Dios se redujo a la nada que es un embrión humano. Pero ese embrión era el Hijo de Dios y en Él estaba la salvación de los hombres. Ese huevo alecítico se fue desarrollando paulatinamente y, a medida que progresaba la segmentación del huevo, iniciaron su diferenciación y crecimiento los esbozos de tejidos, órganos y aparatos embrionarios. Y ese huevo alecítico era el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Trinidad, y en Él estaba la salvación de los hombres, de todos los hombres, de cada ser humano. Y, todavía en el primer mes del embarazo, cuando el feto medía ya de 0,8 a 1,5 centímetros, el corazón de Dios comenzó a latir con la fuerza del corazón de María, y comenzó a utilizar el cordón umbilical para alimentarse de su Madre, la Virgen Inmaculada. »

De esta forma tan maravillosa, el Sagrado Corazón de Jesús, nació carnalmente del corazón y la sangre de las entrañas purísimas de María. Amemos cada vez más a Jesús, que amaremos a la par a su Madre Santísima, pues el Sagrado Corazón es carne de su carne.

 Padre Juan Carlos Mari L.C.