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EL PECADO Y EL MAL

He leído el libro "Manzanas de Gomorra"del Padre Jose Antonio Fortea, disponible en la página de ACIPRENSA, y aunque aborda el tema de la homosexualidad, me han parecido muy claras sus reflexiones sobre el pecado y el mal en general.

Ya que estamos en cuaresma, me parece oportuno publicar sobre esto.

 

EL PECADO HOY

¿Es posible vivir un cristianismo sin grandes esfuerzos y un evangelio reducido a amar a Dios y a ser buena persona? La cruz de Cristo y la vida de los santos y mártires dicen que no.

Pero ahora vemos que por todos lados se levantan voces de un cristianismo liberal y progresista, predicadores que hablan de una supuesta comprensión de Dios…

¿Es esta la Voz de Dios? sabemos que Él nos habla nítidamente en las Sagradas Escrituras, y a través de la Iglesia, pues ella refleja fielmente la voz de Dios bajo la acción del Espíritu Santo.

El relativista, que quiere ser más bueno que la Iglesia y que Dios, no deja ninguna paz en el alma; porque en el fondo, el alma sabe que no está recibiendo la voz del Espíritu Santo sino consuelos humanos.

Un mandamiento de Dios nunca será destruido por el número de personas que lo quebrantan. Las cosas seguirán estando bien o mal, aunque toda la Humanidad se ponga de acuerdo en decir que algo ya no es pecado.

¿QUE ES EL PECADO?

Es traspasar un límite definido, desobedecer un mandato; sabemos que hay un campo para vivir en paz con Dios, con la Humanidad y con uno mismo. Y sabemos que cuando violamos esos límites introducimos una cierta destrucción de esa armonía…la conciencia nos lo dice.

Sólo el Altísimo conoce el peso de cada transgresión: según las circunstancias, el conocimiento, la voluntad…

A veces para obedecer la Voluntad de Dios hay que ser heroico; pero desobedecer la ley de Dios nunca es el camino para la felicidad ni siquiera en este mundo.

¿Cómo se puede pedir a alguien que siempre se ha concedido todos los disfrutes en materia de sexo, que resista las tentaciones por el mero hecho de haberse casado? ¿resistirá por el mero hecho de haber firmado un documento? No. Afirmar otra cosa supone desconocer la naturaleza humana. La permisividad no es el cimiento para un matrimonio fiel y duradero, pero seguir los mandamientos de Dios trae los frutos dulces y serenos de una relación estable que va más allá de la atracción.

Cuando un vicio se consuma, debilita la voluntad, y ésta resistirá ya con menor fuerza al mismo vicio y a otros.

Hay pecados que acaban en sí mismos: criticar, excederse al comer, enojarse... Pero hay otros pecados que son como el fuego, que tiende a extenderse, y la pasión sexual desordenada es uno de ellos.

El Altísimo se goza con la alegría de sus hijos (y el placer corporal es una de esas alegrías que deliberadamente ha puesto sobre la tierra); Él sabía que esto daría lugar a muchos pecados de debilidad pero también a actos heroicos de fe y de amor por no pecar, los cuales pesan más.

 ¿POR QUÉ EL MAL ES MAL, Y EL BIEN ES BIEN?

El mal es mal por sus frutos. El bien es bien por sus frutos. Si yo me atiborro de azúcar durante años, eso tiene consecuencias. Cada acción tiene sus consecuencias. Una acción es mala porque sus consecuencias son malas. Dios no se complace en prohibir las cosas porque sí. Dios es la Sabiduría Infinita. Y si Dios prohíbe algo, tiene una buena razón para hacerlo.

¿Le importa a Dios si bebo hoy un poco más de la cuenta, si voy al casino a divertirme, si me tomo una pequeña pastilla para alegrarme? ¿Le importa a Dios que me fume este cigarrillo? Pues puede ser que entre ese cigarrillo y los miles que siguieron haya una relación sucesiva de causa y efecto que termine en una penosa situación o enfermedad.

Lo mismo sucede con el sexo. Ceder a las pasiones fuera del orden divino pone en marcha concatenaciones de causas y efectos que, paso a paso, llevan muy lejos.

Pero, si sacrificamos las apetencias de la carne, también ponemos en marcha sucesiones de causas y efectos -para bien- que desconocemos en ese momento.

Qué bello es someterse al plan de Dios. Qué meritorio es inclinar la cabeza ante los mandatos de Dios aunque no los entendamos. Precisamente obedecer es más meritorio cuando cuesta. La humildad frente a la soberbia; la fe, que es un tipo de obediencia, frente a la rebeldía.